Preguntas frecuentes
Preguntas y respuestas
Las clasificaciones de países son un buen punto de partida. Muchas se basan en datos sólidos o en amplias encuestas y pueden ofrecer información muy valiosa.
Sin embargo, tienen una limitación importante: la ponderación de los distintos criterios la establece la organización que publica la clasificación. Por lo tanto, el resultado refleja lo que es mejor para un emigrante promedio, pero no necesariamente para usted.
Un buen ejemplo es la cesta de bienes utilizada para calcular la inflación. Esta representa el patrón de consumo de un hogar promedio. Si, por ejemplo, usted nunca viaja en avión o gasta mucho más en atención médica que en actividades de ocio, su inflación personal puede ser muy diferente de la cifra oficial.
Lo mismo ocurre al elegir un país para emigrar. Para algunas personas, la atención médica es la máxima prioridad; para otras, la seguridad, el clima, los impuestos o las normas de residencia. Por ello, un país que ocupa el primer lugar en una clasificación general puede ser totalmente inadecuado para usted, por ejemplo, si un medicamento importante no está disponible o si obtener la residencia permanente resulta extremadamente difícil.
En cambio, una matriz de decisión personal tiene en cuenta exactamente los criterios que son importantes para usted y les asigna la importancia que usted considere adecuada. El resultado no es una clasificación general de países, sino su propia clasificación personalizada.
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¿Es Panamá más barato que Alemania? Esta pregunta me la hacen una y otra vez. Y, sinceramente, entiendo bien por qué. Quien se ocupa con mayor intensidad del tema de la emigración tarde o temprano encuentra numerosos vídeos, páginas web o foros en los que Panamá suele presentarse como un país especialmente económico.
Sin embargo, según mi observación, a veces se genera una imagen algo unilateral. Algunos informes persiguen intereses económicos y pretenden ofrecer servicios relacionados con la emigración. Otros hablan con entusiasmo de su nueva vida y desean compartir su decisión con otras personas. Ambas cosas son completamente legítimas.
No obstante, quien busque una valoración lo más objetiva posible debería saber que este tipo de informes con frecuencia solo muestran una parte de la realidad.
Desde mi punto de vista, la pregunta no puede responderse simplemente con un «sí» o un «no». Que Panamá sea más barato o más caro que Alemania depende de muchos factores. No solo difieren los precios, sino también la calidad de los productos, la infraestructura, los servicios ofrecidos y, en última instancia, el estilo de vida personal.
Hay otro aspecto que a menudo se pasa por alto: cada persona tiene una cesta de la compra diferente. Quien compra principalmente productos locales suele llegar a una conclusión distinta de quien prefiere consumir tantos alimentos importados de Europa como sea posible. Del mismo modo, el nivel de vida deseado desempeña un papel decisivo.
Por supuesto, se puede vivir de forma económica en Panamá. Sin embargo, esto también es posible en Alemania si se está dispuesto a adaptar en consecuencia el lugar de residencia y las propias exigencias. Quien, por ejemplo, esté dispuesto a vivir en una zona rural y no necesite la infraestructura de una gran ciudad también puede reducir considerablemente allí sus gastos de vida.
Además, un estilo de vida sencillo en Panamá no puede compararse sin más con un estilo de vida sencillo en Alemania. Quien en Alemania prescinda del aire acondicionado lo notará algunos días calurosos de verano. En Panamá, en cambio, para muchas personas esa renuncia supondría limitaciones importantes durante todo el año.
Por tanto, lo que se percibe como «comodidad» depende siempre también de las condiciones climáticas y locales.
También debe tenerse en cuenta que las variaciones del tipo de cambio entre el euro y el dólar estadounidense repercuten directamente en los costes para los europeos.
Tal vez espere en este punto cifras concretas o un desglose de nuestros gastos mensuales. De hecho, llevamos un registro doméstico muy detallado y podríamos indicar numerosos precios. Sin embargo, considero que este tipo de comparaciones solo tiene un valor limitado, porque nuestra forma de vida no es automáticamente comparable con la suya. Por eso, nuestros gastos personales solo le transmitirían una aparente precisión.
Me parece más útil analizar por separado los ámbitos más importantes. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, la vivienda, los alimentos, las visitas a restaurantes, la movilidad, la salud, los impuestos y tasas, así como distintos servicios de la vida cotidiana. Dentro de estos ámbitos pueden comprenderse mucho mejor las diferencias entre Alemania y Panamá.
También quiero decir abiertamente que no puedo ofrecer una valoración fundamentada de todos los costes. Algunos gastos solo se producen en raras ocasiones o, con suerte, nunca. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los costes de abogados y tribunales, siniestros importantes o tratamientos médicos extraordinarios. En estos casos me faltan experiencias propias, por lo que no deseo realizar comparaciones poco serias.
Alimentos
Los alimentos importados de Europa suelen ser considerablemente más caros que en Alemania. Esto se aplica, por ejemplo, al queso procedente de Alemania, los Países Bajos o Suiza. Al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que estos productos han recorrido un largo trayecto de transporte y almacenamiento. Entre la producción y la venta suele haber muchos miles de kilómetros y varias etapas de la cadena de suministro. Por ello, el precio, la frescura y la calidad no pueden compararse sin más con los de un producto equivalente en Alemania.
En el caso de los productos locales, en cambio, a menudo surge una imagen muy distinta. El café me ha sorprendido especialmente de forma positiva. Aunque en cuanto al precio muchas veces apenas se diferencia del de Alemania, en términos de calidad me parece por lo general claramente mejor. Sobre todo me ha convencido el café de la región de Boquete. Tiene un sabor muy aromático, contiene, según mi percepción, poca acidez y por eso resulta muy agradable de tomar.
Movilidad
Según mi experiencia, los precios del combustible en Panamá son claramente inferiores a los de Alemania, aunque últimamente —como en muchos otros países— también han aumentado.
La diferencia resulta aún más evidente en la movilidad cotidiana. El autobús, el metro y, especialmente, Uber son considerablemente más baratos que en Alemania. Uber forma parte con toda naturalidad de la vida diaria en Panamá. A través de la aplicación suele haber un vehículo disponible en pocos minutos. Por tanto, la diferencia no consiste solo en el precio, sino también en la comodidad y la disponibilidad.
En cambio, me resulta difícil emitir una valoración clara sobre la compra de un automóvil. Muchos vehículos, especialmente de marcas asiáticas, parecen más baratos que en Alemania y la oferta es mayor. Sin embargo, debido al estado de las carreteras y al clima húmedo de Panamá, los intervalos de mantenimiento, los costes de conservación y también la depreciación son distintos. Por eso, desde mi punto de vista, una comparación directa sería poco seria.
Restaurantes y servicios de entrega
También en el caso de los restaurantes conviene analizar con atención. Comparar un restaurante sencillo de Panamá con uno de categoría superior en Alemania conduce inevitablemente a resultados erróneos. Si se comparan restaurantes de calidad similar, con un ambiente comparable y un servicio semejante, según mi experiencia las diferencias de precio son bastante menores de lo que se afirma con frecuencia.
Los servicios de entrega desempeñan un papel especial en Panamá. Su verdadera fortaleza no reside tanto en el precio como en la oferta y la rapidez. En la zona donde vivimos podemos elegir entre bastante más de mil restaurantes, al menos según lo que muestra la aplicación de pedidos que utilizamos. Muchos pedidos —de restaurantes, supermercados, comercios y farmacias— llegan ya al cabo de veinte o treinta minutos. No conozco una oferta comparable en Alemania.
Vivienda
Precisamente en el ámbito de la vivienda considero que las comparaciones de precios son especialmente difíciles. En buenas zonas de Ciudad de Panamá, los precios de compra de apartamentos de alta calidad a menudo apenas difieren de los de inmuebles comparables en Alemania. En algunos casos incluso son más elevados.
A cambio, con frecuencia se obtiene un paquete de servicios que en Alemania ya apenas es habitual o que solo podría conseguirse con costes adicionales considerables. Seguridad, conserjería, jardineros, administración del edificio, piscina, gimnasio y otras instalaciones comunes forman parte de la oferta habitual en muchos lugares. En las zonas rurales, por el contrario, los inmuebles suelen ser considerablemente más baratos. Sin embargo, allí el tipo de construcción, la infraestructura, el tamaño de los terrenos y el entorno residencial difieren en parte de forma considerable respecto de Alemania. También en este caso, una comparación basada únicamente en el precio por metro cuadrado tendría poco valor informativo.
Salud
También en el ámbito sanitario resulta difícil realizar una comparación simple de precios, porque los sistemas de salud de ambos países son muy diferentes.
A diferencia de Alemania, en Panamá no existe en todos los casos una obligación general de contar con seguro médico. Según la situación personal, las personas utilizan el seguro social, un seguro privado o pagan directamente determinados tratamientos. Para los trabajadores se aplican reglas distintas que, por ejemplo, para los autónomos, jubilados o extranjeros.
Según tengo entendido, el seguro social de salud es más económico en Panamá que en Alemania, aunque también ofrece una cobertura más limitada. Por eso, muchos panameños contratan además seguros privados o pagan directamente determinadas consultas y tratamientos. En conjunto, esto da lugar a un sistema diferente del alemán, en el que con frecuencia se combinan prestaciones públicas y privadas.
Entretanto hemos acumulado numerosas experiencias propias con el sistema privado de salud. Lo que más nos ha sorprendido es lo sencillos que resultan muchos procedimientos. A menudo se consiguen citas con especialistas a corto plazo y, también en la consulta, los tiempos de espera suelen ser claramente más cortos de lo que estábamos acostumbrados en Alemania. Además, tenemos la impresión de que muchos médicos dedican más tiempo a sus pacientes.
Los sistemas también difieren en cuanto a los costes. Para una consulta médica se suele pagar directamente una cantidad fija en el lugar. Una consulta detallada cuesta, por ejemplo, según el médico, a menudo alrededor de 50 dólares estadounidenses. Los complejos sistemas de facturación con distintas tarifas, como los que se conocen en Alemania, desempeñan un papel mucho menor en la vida cotidiana.
El acceso a los análisis de laboratorio es igualmente sencillo. Para muchos análisis de sangre no se necesita ni derivación médica ni cita previa. Basta con acudir a un laboratorio y solicitar las pruebas deseadas. También la mayoría de los medicamentos se pueden adquirir en Panamá sin receta. Existen excepciones, en particular para determinados medicamentos controlados y algunos otros grupos de fármacos. De este modo, en muchos casos se evita la visita médica adicional que en Alemania sería necesaria únicamente para obtener una receta. Esto no solo ahorra tiempo, sino que también puede reducir el coste total de un tratamiento.
Nuestras experiencias hasta ahora con la odontología han sido especialmente positivas. Normalmente se pueden concertar citas con poca antelación, los tratamientos se realizan, según mi impresión, con mucho cuidado y los dentistas dedican suficiente tiempo. Sin embargo, en cuanto a los precios no conviene esperar milagros. Según mi experiencia, los tratamientos dentales más amplios se sitúan más bien en un nivel similar al de Alemania.
En cuanto a los propios medicamentos, no se pueden hacer afirmaciones generales sobre los precios. Algunos preparados son considerablemente más baratos que en Alemania, otros cuestan aproximadamente lo mismo o incluso algo más. También aquí solo resulta útil analizar cada caso concreto.
Impuestos y seguros
Los impuestos y los seguros también desempeñan un papel importante en el coste de vida. Sin embargo, como ambos temas son muy complejos y apenas pueden responderse de manera general, me gustaría tratarlos con más detalle en una FAQ propia, siempre que exista interés. No obstante, ya puede adelantarse lo siguiente: la exención fiscal de los ingresos procedentes del extranjero, citada con frecuencia, debería contemplarse con cierta cautela. Según la situación personal y las normas fiscales del país de origen, la realidad puede ser considerablemente más compleja de lo que sugieren algunas publicaciones en Internet.
Mi conclusión
Según mi experiencia personal, Panamá no es en términos generales ni más barato ni más caro que Alemania. Hay ámbitos en los que se ahorra claramente. En otros se paga una cantidad similar o incluso mayor. Al mismo tiempo, los productos y servicios suelen diferir tanto que las comparaciones puramente basadas en el precio apenas tienen sentido. Quien se plantee seriamente emigrar no debería fijarse únicamente en precios aislados. Lo decisivo es más bien el nivel de vida deseado, las propias costumbres y la cuestión de qué prestaciones se reciben realmente a cambio del dinero. Solo desde esta visión global puede valorarse si la vida en Panamá resulta para las propias necesidades más barata, más cara o simplemente distinta que en Alemania.
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Sí, se puede. Emigrar no siempre requiere una planificación minuciosa. El grado de preparación que resulta conveniente depende, sobre todo, de la situación personal de cada uno.
Si es joven, está comenzando su vida profesional o tiene previsto estudiar o vivir en el extranjero solo durante unos años, los riesgos suelen ser relativamente limitados. En estos casos, puede tener mucho sentido aprovechar una oportunidad y adquirir nuevas experiencias.
La situación suele ser diferente cuando ya se dispone de un patrimonio importante, bienes inmuebles, una empresa u otros compromisos a largo plazo. También los vínculos personales, un entorno construido a lo largo de muchos años y las costumbres a las que uno se ha acostumbrado no siempre pueden recuperarse con facilidad. Cuanto más tenga en juego, más graves pueden ser las consecuencias de una decisión equivocada.
Por lo tanto, no existe una respuesta universal. La planificación necesaria depende menos de la edad que de las posibles consecuencias de una decisión equivocada. El objetivo no es eliminar todos los riesgos, sino evitar errores que podrían haberse evitado.
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Esta pregunta se plantea con frecuencia. No resulta sorprendente, ya que Costa Rica figura desde hace muchos años entre los destinos más populares de Centroamérica tanto para emigrar como para pasar las vacaciones. Muchas personas conocen primero Costa Rica y más adelante se preguntan si Panamá podría ser quizá una alternativa mejor. Por eso quiero abordar esta cuestión.
Antes que nada, quisiera delimitar un poco el concepto de «seguridad». Parto de la base de que se refiere a la seguridad personal, es decir, a la delincuencia, los riesgos de accidente y los posibles peligros de la vida cotidiana. Dejo deliberadamente al margen cuestiones como la estabilidad política, la seguridad jurídica o la seguridad de los depósitos bancarios. Superarían el alcance de esta respuesta y merecen un análisis propio.
Según distintas estadísticas de delincuencia, Panamá se encuentra en conjunto en una posición bastante aceptable en la comparación internacional. Sin embargo, como ocurre en casi todos los países, existen diferencias claras entre unas regiones y otras, y también entre distintos barrios. Por eso, compararlo con Alemania resulta tan difícil como hacer una afirmación general sobre todo Panamá.
Una parte de los delitos violentos graves está relacionada con el narcotráfico internacional. En un primer momento esto puede sonar preocupante. Sin embargo, según mi impresión, muchos de estos enfrentamientos tienen lugar dentro del entorno delictivo y normalmente no afectan de forma directa a la vida cotidiana de residentes o emigrantes ajenos a ese ámbito.
Esto, por supuesto, no significa que se deba actuar con imprudencia, pero sí explica por qué la sensación personal de seguridad puede diferir considerablemente de determinados titulares.
Por experiencia propia puedo decir que hasta ahora me he sentido seguro en todo momento en Panamá. Ni mi esposa ni yo hemos tenido hasta la fecha experiencias negativas relacionadas con la delincuencia. Además, especialmente en Ciudad de Panamá llama la atención la fuerte presencia de fuerzas de seguridad y servicios privados de vigilancia. Es habitual ver guardias frente a residencias, comercios o edificios de oficinas. Esto transmite una sensación adicional de seguridad.
Sin embargo, para mí la seguridad significa algo más que la delincuencia. También en la vida cotidiana conviene prestar cierta atención. Las aceras pueden ser irregulares, los baches pueden ser más profundos de lo esperado y, en ocasiones, incluso puede faltar una tapa de alcantarilla. En este sentido, la responsabilidad personal suele ser algo mayor que en Alemania.
En cuanto a los posibles peligros derivados de los animales, también hay que distinguir entre la ciudad y el campo. En Ciudad de Panamá prácticamente nunca se entra en contacto con animales peligrosos. En las zonas rurales o en la selva, naturalmente, la situación es distinta. Allí conviene tratar los ríos, los bosques y la fauna con el debido respeto. Sin embargo, con sentido común se pueden evitar bien la mayoría de los riesgos.
En cuanto a la comparación con Costa Rica, prefiero no emitir una valoración definitiva. Me faltan experiencias propias para hacerlo. Solo conozco relatos de personas que viven o han vivido allí y que señalan, en particular, que no conviene dejar objetos de valor a la vista dentro del automóvil. Por eso no deseo juzgar si Costa Rica es en conjunto más o menos segura que Panamá.
En cualquier caso, mi impresión personal es que en Panamá me siento muy seguro en la vida cotidiana. Como en cualquier lugar del mundo, conviene mantenerse atento y evitar riesgos innecesarios. Sin embargo, con una prudencia normal, según mi experiencia es posible disfrutar aquí de la vida diaria de forma muy relajada.
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Cuando todavía vivía en Alemania y me informaba sobre Panamá, sinceramente era algo escéptico. Nueve meses de estación lluviosa y solo unos tres meses de estación seca no sonaban en un principio demasiado atractivos. Me imaginaba días enteros de lluvia continua, cielo gris y numerosas limitaciones en la vida cotidiana.
Ahora que llevamos ya bastante tiempo viviendo en Panamá, lo veo de una manera completamente distinta.
Sin embargo, antes que nada quisiera señalar que el clima varía considerablemente dentro de Panamá. Entre Ciudad de Panamá, las regiones montañosas y las costas existen diferencias importantes. Por eso, mis experiencias se refieren principalmente a Ciudad de Panamá y sus alrededores.
Al contrario de lo que esperaba inicialmente, la estación lluviosa no significa en absoluto que llueva durante todo el día. A menudo se alternan períodos soleados, nubes y aguaceros intensos, generalmente breves. Por supuesto, también hay días con lluvias más prolongadas o tormentas, pero en conjunto los efectos sobre nuestra vida cotidiana me han parecido sorprendentemente reducidos.
Entretanto incluso prefiero la estación lluviosa. Esto puede resultar sorprendente al principio. La estación seca ofrece, ciertamente, más sol y menos precipitaciones, pero al mismo tiempo la radiación solar es mucho más intensa. Combinada con la elevada humedad, la exposición directa al sol se vuelve incómoda con rapidez.
A diferencia de Alemania, durante el día normalmente no se pasan horas enteras al sol o en la playa. Al cabo de poco tiempo se busca de forma automática la sombra o un espacio con aire acondicionado.
Durante la estación lluviosa, en cambio, la mayor presencia de nubes proporciona una protección natural frente al sol. Por eso, los paseos o las gestiones al aire libre suelen resultarme más agradables. Las temperaturas difieren, en general, menos de lo que muchas personas esperan. La verdadera diferencia reside más bien en la mayor nubosidad. Tampoco los aguaceros limitan apenas nuestra vida cotidiana.
En Panamá muchas cosas están adaptadas al clima tropical. Los estacionamientos, las entradas de centros comerciales o supermercados y numerosos caminos peatonales están cubiertos. A menudo se sale en coche sin mojarse, se llega seco al destino y apenas se percibe el aguacero. Además, muchas personas trasladan de todos modos las actividades más prolongadas a las primeras horas de la mañana o a la tarde-noche, cuando las temperaturas son más agradables.
Hay otro aspecto que a menudo se pasa por alto: durante la estación lluviosa, Panamá muestra su lado más verde. La vegetación se ve exuberante y fresca. Hacia el final de la estación seca, en cambio, muchos paisajes pueden parecer claramente más secos y menos coloridos.
Mi conclusión
Si está planeando unas vacaciones clásicas de playa con el mayor número posible de horas de sol, la estación seca es sin duda la mejor elección. Sin embargo, si desea conocer Panamá, hacer excursiones o hacerse una idea de la vida cotidiana, no excluiría en absoluto la estación lluviosa. Según mis experiencias personales, incluso ofrece algunas ventajas y está muy lejos de ser tan lluviosa como el término podría hacer pensar en un principio.
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