Después de emigrar, muchas personas se encuentran en una etapa muy particular de su vida. La ilusión por el nuevo comienzo es grande, quieren instalarse cuanto antes en su nuevo hogar y empezar a dar forma a esta nueva etapa. Al mismo tiempo, algunos emigrantes disponen de una mayor flexibilidad financiera que en su vida cotidiana anterior después de vender una propiedad u otros activos. Precisamente esta combinación puede hacer que se tomen decisiones importantes con mayor rapidez de la que se tomarían en otras circunstancias.
Nosotros también vivimos esta experiencia. Aunque habíamos definido claramente de antemano lo que buscábamos en otro apartamento – entre otras cosas, más espacio, al menos tres dormitorios y una distribución adecuada a largo plazo –, visitamos uno que en realidad no cumplía esos criterios. Estaba excelentemente equipado, se encontraba en un residencial atractivo y causaba una impresión general extraordinaria. Sin embargo, por un momento, nuestros requisitos originales pasaron a un segundo plano. Incluso llegamos a plantearnos conservar nuestro apartamento actual y desplazarnos entre ambos, aunque están separados por unos 30 minutos en coche.
Mirando atrás, aquella visita fue para nosotros una experiencia valiosa. El problema no era el apartamento ofrecido, ya que resultaba atractivo en muchos aspectos. Lo decisivo era que no se ajustaba a nuestras necesidades iniciales. Solo entonces comprendimos lo rápido que, en una etapa de cambio y nuevos comienzos, uno puede empezar a adaptar sus propios criterios a una oferta especialmente atractiva, en vez de valorar la oferta de forma consecuente según esos criterios.
Nuestra conclusión más importante es, por tanto, la siguiente: Especialmente después de emigrar, puede ser conveniente definir con la mayor claridad posible las propias necesidades y realizar inversiones importantes solo cuando ya se haya adquirido suficiente experiencia cotidiana en el nuevo país. Quien establece sus criterios antes de una visita y después compara objetivamente distintas ofertas reduce el riesgo de tomar decisiones de las que más adelante pueda arrepentirse.
Con el tiempo, esta experiencia también nos ayudó a comprender mejor por qué ya habíamos conocido a varios emigrantes que querían volver a vender su primer apartamento poco después o que actualmente poseen una segunda propiedad. Las razones pueden ser distintas en cada caso. Sin embargo, nuestra propia experiencia nos ha demostrado que las prioridades personales pueden cambiar durante los primeros meses después de emigrar más de lo que uno imagina al principio.